El objetivo de Sara Auster es que te relajes. Nuestras vidas cada vez están más llenas de notificaciones digitales y pantallas que absorben toda nuestra atención. Sara Auster, música y terapeuta del sonido, se ha propuesto ayudar a la gente a desconectar, echar el freno y prestar más atención a lo que somos y lo que nos rodea. Pero en lugar de utilizar sus propias palabras para guiarnos durante el proceso de meditación, emplea el sonido.

Ella llama a este concepto «baño de sonido». Con boles de cristal y otros instrumentos musicales poco convencionales, Auster crea sus propios espacios sonoros atonales, capaces de llenar habitaciones, diseñados para sumergir al oyente y relajar la mente. Cree que al escuchar profundamente podemos abstraernos del cansancio mental de la vida diaria y aprender a concentrarnos de nuevo.

Sara cree desde hace mucho tiempo en los efectos reparadores de escuchar con atención plena. Ahora, tras diez años de adicción colectiva al smartphone, nos hemos dado cuenta de que necesitamos encontrar una forma de relajarnos y amortiguar el exceso de ruido que recibe nuestro cerebro. Al sumergirnos en un baño de sonido podemos abstraernos y sentar las bases de una vida más consciente y plena.

El método de Sara cada vez tiene más adeptos. Ha realizado estos baños de sonido —un concepto entre ejercicio de meditación y actuación de música en directo— para públicos en sitios como el MoMA, el Museo de Arte Rubin y el Lincoln Center, todos en Nueva York. El aumento de la demanda de claridad en nuestros pensamientos está llevando a Sara a realizar más y más baños de sonido tanto en Estados Unidos como a nivel internacional.

Ahora, su objetivo es trasladar los beneficios terapéuticos de la inmersión acústica al público general. Recientemente ha publicado Namora, su segundo álbum de música de baños de sonido, con la intención de que más gente pueda beneficiarse de las experiencias de sonido en su propia casa. Para conseguir los mejores resultados posibles, puedes reproducirlo en un tocadiscos conectado a Sonos y dejar que el sonido te envuelva. También puedes escuchar en streaming temas de música ambiental y para meditación interpretados por otros artistas. Ya tienes a tu alcance poder disfrutar de un baño de sonido en casa y sin necesidad de boles de cristal.

Hemos visitado a Sara Auster en su piso de Nueva York para conocer sus métodos de terapia de sonido inmersiva.


¿En qué consiste un baño de sonido?
Yo lo defino como una práctica de meditación en la que se usa el sonido de manera intencionada para desencadenar efectos terapéuticos y reparadores. Consiste en escuchar sonido a un nivel profundo. A primera vista parece bastante sencillo, pero no es muy común que seamos conscientes de cómo escuchamos. Ahí es donde entra en juego el mindfulness.

Cuando imparto sesiones, ya sea para una sola persona o para diez mil, mi objetivo es siempre intentar ser consciente de nuestra relación con el sonido. Cuando escuchamos concentrados y dirigiendo nuestra atención, ese mindfulness empieza a formar parte de nosotros y se traslada a distintas áreas de nuestras vidas.

Hay un montón de experiencias de baño de sonido en las que la gente habla sobre los chakras y la energía planetaria cósmica. Me parece perfecto, pero para mí es mucho más fácil que todo eso. Se trata de practicar continuamente para que la conciencia aflore, y todo comienza al escuchar.

Escuchar nos permite comprender a un nivel más profundo cuestiones que tienen su origen en nuestro interior y el mundo que nos rodea. Esto puede derivar en conexiones más fuertes, tanto contigo mismo como con los demás, y permitirnos sentir más compasión, ser capaces de expresarnos mejor y querer más a las personas que nos rodean.

¿Por qué usas el sonido? ¿Qué ofrece este método que no pueda ofrecer, por ejemplo, una meditación guiada?
Este tipo concreto de sonido atonal concede a la gente el espacio al que necesita ir para disfrutar de una experiencia propia y única. Llevo diez años meditando y no soporto cuando alguien me habla porque me gusta ir donde yo quiera. A veces, cuando alguien me guía, me dice: «Pon la mente en blanco». Si estoy aquí, ¿por qué me quieres llevar allí? Utilizar el sonido allana el camino, no impone barreras. Se te permite debatir con el sonido que envuelve la habitación, lo que supone un concepto muy interesante en la meditación.

El sonido también ofrece a la gente la oportunidad de recibir impulsos externos. Pienso que, en cierto modo, elimina la presión. El concepto de meditación está rodeado de rigidez, del estereotipo que dice que hay que hacerlo todo bien, que tienes que dejar tu mente en blanco y sentarte erguido. Esto es mucho más accesible para la gente.

Me gusta concebir el mindfulness como un concepto que no es elitista ni para un determinado tipo de persona. Creo que es para todo el mundo. He desarrollado experiencias con niños y con gente de 80 años, con atletas y con pacientes con cáncer en estado terminal, de todas las razas, de todas las edades, cada uno con su propio contexto espiritual. Por algo se dice que la música es un concepto universal.

¿Cómo se puede crear un baño de sonido en casa? ¿Podría valer con un sistema Sonos?
El primer paso es integrar este tipo de experiencia de sonido en el hogar. No tiene que ser algo tan concreto. Si ya tienes un Sonos, ya has integrado una experiencia de sonido distinta en tu hogar y va a cambiar tu vida.

Ha sido increíble experimentar con Sonos y poder disfrutar de experiencias de sonido únicas en cada parte de la casa. Crea una experiencia más inmersiva que cambia la forma en la que te relacionas con los sonidos de tu vida, tanto si eres consciente de ello como si no.

Es muy fácil integrar una práctica de mindfulness y simplemente decir: «Alexa, pon música para meditar». Y empieza a sonar. No tienes que hacer nada más, solo sentarte o tumbarte, ponerte cómodo y ya llega el momento de conexión.

Creo que por el avance exponencial de la tecnología tenemos que estar siempre en un estado de reacción y atención continuo que está acabando con nuestro sistema nervioso. Por eso, son cada vez más populares la meditación y el mindfulness, porque la gente necesita una excusa para echar el freno. Constantemente se nos pide que interactuemos. En ese sentido, poder usar la voz va a ser genial, ya que será mucho más sencillo y fluido disfrutar de estos momentos sin nada más.

Utilizas un estilo de sonido y musical muy concreto. Cuéntanos cómo llegaste a crear tu sonido.
Pues básicamente pasé un montón de tiempo con la práctica de ensayo y error. Soy música aficionada, soy coleccionista de música y amo la música. Ha formado siempre parte de mi vida, y siempre he sabido que la música tiene un profundo efecto en mi ser. Cuando empecé a realizar este trabajo, comencé a prestar más atención a los motivos y el modo en que la música influye en mi persona.

Siento que muchos de estos sonidos tienen conexiones concretas con culturas o linajes específicos que respeto profundamente. Pero la verdad es que prefiero dejar a un lado el contexto neurológico de la gente.

Por eso, si alguien ve una guitarra, un cascabel o un tambor de marco, ya tiene una asociación con ese instrumento. Hasta un cuenco metálico del Himalaya tiene su propia asociación. Ese es uno de los motivos por los que empecé a usar boles de cristal porque es un instrumento más moderno con el que la gente aún no tiene nada asociado.

Cuando entran en una habitación, esta puede parecerles un espacio ordenado, abierto y limpio que les resulte acogedor. Ahí empieza la experiencia, incluso antes de que escuchen los sonidos. Por eso utilizo estos instrumentos. La gente que se inicia en esto no tiene una necesidad concreta de clasificar la respuesta ni de emitir juicios de valor sobre ella. Van a experimentar sensaciones hasta ahora desconocidas para ellos.

Namora, tu último álbum, se ha publicado solo en vinilo. Las versiones digital y en streaming estarán disponibles más adelante. ¿Por qué en vinilo? ¿Qué importancia tiene el formato para ti?
De hecho, es mi segundo disco. El primero que publiqué se vendió en una pequeña caja de madera tallada con un USB y un cristal dentro. Hay gente que acude a mis experiencias de sonido y me pregunta que cómo puede hacer esto en casa. Cuando empecé con ello, me pedían si tenía algún CD o algo. Ya en ese tiempo pensaba en para qué lo querrían, si ya los CD casi solo se pueden escuchar en los coches.

No quería publicar las grabaciones en digital porque para mí, como coleccionista de vinilos, es importante que la gente tenga una experiencia táctil con el sonido. El vinilo permite implicar el tacto en la experiencia y establecer una relación con la música. Cada vez nos resulta más fácil dejar que un algoritmo tome las decisiones por nosotros. La verdad es que consiguen resultados asombrosos, pero también echo de menos aquellos días en los que descubrías música con curiosidad y nerviosismo. Yo soy de una época en la que grabábamos nuestras propias cintas de temas variados, en la que de verdad interactuábamos con la música. Me parece que es importante implicar los sentidos de ese modo.

Cuando me di cuenta de que una cara de un disco de vinilo tiene capacidad para unos 20 minutos, que suele ser el tiempo de meditación recomendado, pensé: «Ya está, pongo una pista en cada cara y listo». Ahora tienes a tu alcance la experiencia táctil de quitar el plástico protector, sacar el disco de la funda, mirarlo y ponerlo en el tocadiscos.

Namora está en vinilo transparente, lo que le da un buen toque cuando lo sacas de la funda y lo ves.
Hace aflorar sensaciones únicas: a través de él puedes ver tus manos, forma parte de ti. De esta manera, la persona se involucra.

Cuéntanos como es tu proceso de grabación. ¿Tienes pensado grabar más discos?
Me encantaría poder seguir grabando discos, ya que es la forma más fácil que tengo de llegar a la gente. Solo soy una persona, sí que puedo ir a sitios espectaculares e impartir sesiones para el máximo de gente posible, pero creo que, para poder llegar a toda la gente que me gustaría, tengo que grabar más discos.

Los dos álbumes se han grabado en iglesias. El primero se grabó en una iglesia reconvertida en la parte norte de Hudson, mientras que el segundo lo grabamos en la Iglesia Unitaria de Brooklyn Heights. Para mí era importante plasmar la mayor cantidad de sonidos del entorno y el espacio posibles.

He tenido muchas experiencias grabando en vivo y en directo. También he probado en estudio, en una cabina, donde el objetivo era obtener el sonido perfecto y lo más nítido posible. Pero eso no es lo que me interesa. Lo que me interesa es ofrecer a la gente experiencias que sean lo más parecidas posibles a las de la vida real.

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