En el Berlín de David BowieCómo la ciudad transformó su música

Sin Berlín, la música de David Bowie no habría sido la misma. Los años que Bowie vivió allí desde finales de los 70 no solo transformaron al artista, sino también las canciones que compuso y grabó posteriormente.

Recientemente inauguramos nuestra nueva tienda en Berlín e invitamos a Tony Visconti, Alison Goldfrapp, Gudrun Gut y Michael Rother a compartir sus recuerdos de la famosa Trilogía de Berlín de David Bowie y revisar su importante influencia en el panorama cultural de la ciudad.

La canción «Heroes» de David Bowie es todo un himno. Grabada en los famosos estudios Hansa de Berlín, a pocos metros del Muro, su legado cultural impregna la cultura popular y la música rock desde su publicación en 1977 hasta hoy, pues su presencia sigue patente en las listas de éxitos. A partir del áspero susurro inicial que se escucha bajo unos firmes acordes, la voz de Bowie casi se rompe cuando declara su amor: «Recuerdo que estábamos junto a la pared, se oían armas disparando sobre nuestras cabezas mientras nos besábamos como si no pudiera pasar nada». Es una canción que imagina una vida juntos, escrita en un momento y un lugar marcados por la división. Es una canción sobre la defensa de las posibilidades que ofrece el futuro: «Podemos ser héroes por un día».

«El sentimiento de la canción era más importante que las palabras, pero las palabras eran increíbles», comentó Alison Goldfrapp, del dúo electropop Goldfrapp, durante el acto Bowie Song Stories, celebrado recientemente en la nueva tienda Sonos de Berlín.

Goldfrapp fue una de las cinco personas invitadas a compartir una historia personal en la que se explorara una de las canciones de la trilogía de álbumes que Bowie creó y publicó cuando vivía en Berlín. Cuando se publicó «Heroes», Goldfrapp era una adolescente que vivía en un tranquilo pueblo del sudeste de Inglaterra y Bowie acababa de mudarse a Berlín Oeste para reponerse.

Bowie se desmoronaba tras una década acaparando la atención pública como Ziggy Stardust y el Delgado Duque Blanco, pues había sucumbido a las tentaciones que rodeaban al rock en Los Ángeles. Una destructiva relación con la cocaína dejó a Bowie tocado artística e ideológicamente, y los efectos de su dependencia le llevaron a un comportamiento algo impredecible.

«La primera vez que escuché “Heroes”, fue como sacar la cabeza por la ventanilla de un coche que circulara a toda velocidad. La idea dominante era la fuga, el concepto de que podías ser lo que quisieras».

«Le perdí un poco la pista porque hizo aquella película, El hombre que vino de las estrellas, y estaba grabando Station to Station por las tardes y pasaba toda la noche en vela. Apenas dormía una hora y se quemó», contó Tony Visconti, quien fue durante mucho tiempo productor de Bowie y recientemente ganó un Grammy por su trabajo en Blackstar, el álbum póstumo de Bowie. «Para no dormir en toda la noche era necesario consumir grandes cantidades de determinado tipo de estimulante».

El legendario productor y colaborador de Bowie durante tanto tiempo continuó: «Vino a Europa a desintoxicarse. Tenía que dormir con normalidad. Volvió a comer. Para su vida fue crucial volver aquí y empezar de cero».

Bowie llegó a Berlín Oeste en 1976, cuando la ciudad aún estaba devastada por la guerra. «La mayoría de las casas de Berlín se quedaron como estaban», contó Gudrun Gut, de la banda electrónica experimental alemana Malaria!. «Se veían los agujeros de las balas, no había nada de gentrificación».

«Berlín ha cambiado mucho desde entonces, y Neukölln también. Ahora muchos jóvenes se mudan a Neukölln, pero no en aquel momento», añadió. «Por suerte, siempre tuvimos la vida nocturna».

Tony Visconti (izqda.) y Alison Goldfrapp (dcha.) hablan sobre los años de formación creativa de Bowie en Berlín durante el evento Bowie Song Stories celebrado en la tienda Sonos de Berlín.
Tony Visconti (izqda.) y Alison Goldfrapp (dcha.) hablan sobre los años de formación creativa de Bowie en Berlín durante el evento Bowie Song Stories celebrado en la tienda Sonos de Berlín.

Fue en esa vida nocturna en la que se inspiró Bowie para explorar los límites del sonido y experimentar con texturas ambientales junto a músicos y productores revolucionarios, como Brian Eno. Un ejemplo es «Neuköln», del álbum Heroes. En esta canción, compuesta en colaboración con Eno, el burbujeo y la ondulación de los sintetizadores dan paso a un coro de zumbidos en una puesta en escena melosa, pero melódica. Aquí compuso, grabó y publicó tres álbumes que ahora se conocen como la Trilogía de BerlínLow (1976), Lodger (1977) y, por supuesto, Heroes.

«En estos discos, capturó mis sueños, mis anhelos y mi vida», recordó Gut. «Captó la atmósfera gris de aquella época: Low, Warszawa (Varsovia), el muro, el fascismo latente que aún formaba parte de Alemania y la extraña soledad que pendía sobre Berlín Oeste, la isla olvidada junto al mar rojo».

«La primera vez que escuché Heroes, fue como sacar la cabeza por la ventanilla de un coche que circulara a toda velocidad», comentó Goldfrapp mientras contaba que había pasado su juventud bailando con punks hemofílicos en su pueblo perdido. «Ese zumbido abrasador y sofocante de la guitarra de Robert Fripp y la interpretación de Bowie, anhelante, ansiosa y desafiante, me hicieron sentir, de alguna manera, triunfante, pero también inexplicablemente triste».

Goldfrapp continuó: «La idea dominante era la fuga, el concepto de que podías ser lo que quisieras en un lugar que ni siquiera sabía que existía».

«En estos discos, capturó mis sueños, mis anhelos y mi vida. Captó la atmósfera gris de aquella época: el muro, el fascismo latente y la extraña soledad que pendía sobre Berlín Oeste, la isla olvidada junto al mar rojo».

«Heroes» realmente ofrecía una visión de un futuro juntos que muchos no imaginaron hasta que el muro cayó en 1989. Muchas personas de todo el mundo se mudaron a la ciudad, y los clubes clandestinos recibieron la beneficiosa influencia de músicos, productores y personas que buscaban una vía de escape. La ciudad, antes amortajada por una oscura historia, floreció gracias al crecimiento económico y la creación artística.

Cuando Bowie murió el 10 de enero de 2016, unas cuatro décadas después de haber vivido en Berlín, la ciudad se volvió a unir con sus canciones. La puerta de su antiguo piso en la calle Hauptstrasse del barrio de Schöneberg, se llenó de flores, velas y notas mientras un estéreo reproducía «Heroes». La ciudad recordó al artista que había cambiado la música desde sus humildes y destrozadas calles.

«Berlín, para él, fue un renacimiento», comentó Visconti. «Aquí llevó una vida muy sana y sencilla». Lejos de la atención pública que tenía en Los Ángeles y de las tentaciones de su vida anterior, Bowie encontró la paz en Berlín y se renovó. En Los Ángeles, Bowie estaba perdido. En Berlín se encontró y, desde entonces, muchos se han encontrado en su Trilogía de Berlín, como Goldfrapp.

«Todo lo que sabía era que, en mi pueblo perdido, yo me encontraba en el centro de una pista de baile con una tribu de punks que podían empezar a sangrar y no parar nunca», afirmó antes de concluir: «El baile era una reivindicación de la vida, así que me quité la piel de una persona que ya no quería ser y bailé, bailé y bailé con mis héroes».

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