Día Internacional de la Mujer

En un momento en el que la tecnología parece encontrarse en el mismo punto que la industria musical hace unas décadas, el cambio solo puede surgir de una intensa labor.

 

Nunca olvidaré la noche en la que decidí abandonar el mundo de la música. Me había pasado la mejor parte de los años 90 en un grupo, como vocalista y bajista, tocando en locales de todo el país. También me encargaba de las labores administrativas, me aseguraba de que cobráramos y hasta negocié el contrato que firmamos con un sello discográfico.

En 1999, ya había perdido la cuenta de todos los lugares en los que habíamos tocado y los innumerables encargados de sonido pretenciosos que sentían la necesidad de explicarme cómo tenía que configurar mi amplificador en las pruebas de sonido. Y estaba cansada. Cansada de tonos condescendientes. Cansada de luchar por el dinero que me había ganado. Cansada de intentar que se me escuchara tanto en el escenario (gracias, una vez más, querido encargado de sonido) como al bajarme de él.

Al final toqué fondo en un recóndito lugar de Florida. Después del concierto, estaba ajustando cuentas con el promotor, como siempre hacía. Habíamos llenado la sala y lo sabía porque mientras tocábamos conté la gente que había. Hice mis cálculos y el dinero que tenía en las manos era menos de lo esperado. Mucho menos. Cuando le señalé el «error» me rodeó la cintura con un brazo y me dijo: «Cariño, déjame explicarte cómo funcionan las cosas aquí…».

Furiosa, no escuché ni una sola palabra de las que vinieron después. En mi cabeza solo retumbaba un único pensamiento: «¿Hasta cuándo vas a estar aguantando esta mierda? Eres mejor que esto».

Enfrentarse a la industria musical.

En aquella época no era fácil ser mujer en el mundo de la música, quizás porque no éramos muchas. Las referencias femeninas de éxito habían dejado una importante huella: PJ Harvey, Carrie Brownstein, Bettina Richards, Kim Deal y Kim Gordon. Pero pocas fueron las que consiguieron mantener su éxito durante mucho tiempo, y a veces parecía que solo podías conseguirlo si te casabas con alguien del grupo. Hasta después de casarte tenías que aguantar las salidas de tono de tu querido Thurston cuando parloteaba con la prensa de tus «cambios de humor». Absolutamente todo el ecosistema de la música estaba dominado por hombres. Recuerdo que, durante toda esa época, solo hablé de negocios con una mujer, una publicista.

Hasta hoy, casi 20 años después, sigue siendo demasiado habitual ver experiencias similares a la mía en la industria de la música. No lo digo por minimizar los recientes y significativos avances, pero esta industria sigue estando compuesta por un 80 % de hombres. Solo tienes que echarle un vistazo a los Grammys: en los últimos cinco años, más del 90 % de los nominados han sido hombres. Esto no refleja para nada la diversidad que hay en mi lista de canciones reproducidas recientemente.

Un ámbito distinto, pero con los mismos problemas.

El primer boom de las punto com me hizo acercarme a este mundillo. Cuando el sector tecnológico empezó con su inexorable despegue y salió el primer número de la revista Fast Company fue cuando me enteré de que en el mundo de los negocios la creatividad estaba muy valorada. Antes de mediados de los 90, la creatividad se limitaba a las agencias publicitarias. Pero, a medida que una nueva cultura se abría paso en el mundo de los negocios, fuimos testigos de un cambio radical en la manera de concebir el trabajo: ya no tenías que ponerte un traje y fingir ser otra persona. De repente, podíamos ser nosotros mismos.

A pesar de que los directivos habían cambiado sus americanas por sudaderas con capucha, por algún motivo no conseguimos liberarnos del típico falocentrismo que rodea al mundo de los negocios. En cierto modo, el sector de la tecnología se ha convertido en la industria de la música. Los programadores y ejecutivos más influyentes incluso se definen como «estrellas del rock». Y esa fachada progresista del ámbito tecnológico carece de innovaciones en cuanto a la diversidad de género y el acoso.

Cada semana podemos leer un nuevo titular que deja entrever un poquito más los aspectos oscuros de la cultura cerrada de Silicon Valley: «El problema de la discriminación de género en la industria de la tecnología», «El sexismo en Silicon Valley frena el crecimiento de las mujeres fundadoras», «La cultura negativa de Silicon Valley empieza en los inversores».

Las revelaciones del mundo tecnológico ya han provocado modificaciones en las políticas de ciertas empresas y el despido de personas poderosas. Pensar que estos castigos son justicia divina es muy tentador, pero para lograr un cambio real a todos los niveles hace falta mucho tiempo y mucho más trabajo.

Hay un mundo más allá de Silicon Valley. ¿Quién lo hubiera dicho?

Cuando dejé la industria de la música, pensé que me estaba librando del chovinismo, la misoginia y el acoso. Y lo hice. Pero al mirar los titulares y escuchar a otras mujeres, me queda claro que al sector de la tecnología le queda un largo camino por recorrer. Obviamente, detrás de cualquier industria hay una historia de fuerzas regresivas y progresistas. Tengo suerte de formar parte de esta última.

Sonos no es la típica empresa tecnológica estereotipada, y creo que uno de los principales motivos de esto es que nuestros fundadores realmente querían poner en marcha la empresa fuera de Silicon Valley y quedarse allí. En Sonos, la cultura viene de los de arriba. Nuestros líderes trabajan duro para convertirse en verdaderos aliados de las mujeres.

Esto no quiere decir que Sonos sea una utopía de igualdad de género: vivimos en el mismo mundo que tú. Pero nuestros líderes no dejan que la monotonía cotidiana se interponga en el camino a la hora de resolver problemas y tomar medidas, como la Boom Boom Room que creamos en el Consumer Electronics Show (CES) para conseguir que los ámbitos de la tecnología y la música sean más igualitarios.

#PressforProgress.

Sonos se unió a la celebración del Día Internacional de la Mujer, un día que conmemora las contribuciones culturales, económicas, tecnológicas, políticas y sociales que las mujeres han aportado al mundo. Además de los amplios esfuerzos de nuestra empresa, como parte de nuestra iniciativa Listen Better estamos creando diferentes espacios para fomentar el diálogo sobre temas importantes y el sentido de comunidad entre mujeres.

En nuestra tienda insignia de Nueva York nos sumamos a la iniciativa #SpeakingUp de ARTICLE 19 al celebrar una noche de debate sobre cómo combatir las agresiones cibernéticas que suelen recibir las mujeres que defienden la igualdad de género. Colaboramos con shesaid.so y organizamos un evento en Londres para rendir homenaje a las mujeres del mundo de la música y unirlas mediante sesiones de orientación. En Benelux organizamos una mesa redonda sobre la igualdad y la diversidad en la música, así como acerca de los esfuerzos necesarios para conseguir que en el 2022 toque la misma cantidad de artistas masculinos y femeninos en los festivales de música holandeses. Puedes encontrar toda la información sobre estos temas en un nuevo episodio del podcast Sonos Deep Dive.

Y si de verdad quieres sumergirte en este movimiento contra el machismo, no te pierdas nuestra lista de reproducción del Día Internacional de la mujer («International Women’s Day 2018»), seleccionada por el personal femenino de Sonos, en la que puedes encontrar algunas de las mejores artistas y productoras femeninas.

Innovación para el futuro.

Parece que con el movimiento «Me Too» estamos en la cúspide del proceso de transformación. Todo el mundo quiere creer que las cosas nunca volverán a ser como antes. Y es cierto, puede que consigamos hacer desaparecer algunos de los casos de acoso sexual más graves, pero necesitamos avances más importantes. Más modelos que prediquen con el ejemplo. Más mujeres en puestos de responsabilidad. Más hombres justos que se unan a la causa. Más transparencia. Más herramientas prácticas para lograr el cambio.

Es fácil que los titulares machistas nos sienten mal y es muy gratificante participar en las manifestaciones. Pero tenemos que seguir, pase lo que pase. El cambio real cuesta mucho esfuerzo. Debemos trabajar juntos y conseguir que dure.

Con toda mi solidaridad,

Joy Howard
Directora de marketing

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