Una casa silenciosa es un sitio en el que la ausencia de música hace que el estrés y la presión de la vida moderna queden aún más patentes. Es una casa compartida, más que un hogar en el que convivir. Este problema afecta a más de dos tercios de todas las casas del mundo.

El año pasado realizamos un experimento que tenía como fin comprobar si escuchar música a todo volumen en casa podía influir en las relaciones. Demostramos que la gente que vive en casas con música es más feliz, cercana y cariñosa.

Si las ventajas son tan claras y beneficiosas, ¿por qué no escuchamos música todos juntos? ¿Por qué no todas las casas vibran con música?

Para intentar comprender lo que hace que el silencio impere en nuestras casas, hemos hablado con eminencias de diversos campos, desde la psicología hasta los medios de comunicación, desde el diseño hasta la arquitectura, y con los habitantes de 9000 hogares reales.

El ocaso de la edad adulta

Cuando somos jóvenes, nuestra vida gira en torno a la música. Es lo que le da sentido al caos de todo lo que vivimos. Es lo que nos define hasta que el trabajo, las facturas, la presión de la vida moderna y la omnipresencia de la tecnología controlan nuestra vida y nos hacen dar de lado a la música.

Casi todas las soluciones tecnológicas que se suponía que iban a mejorar la música han tenido el efecto contrario, la han empeorado. Trabajamos hasta tarde, estamos siempre hasta arriba, con el trabajo y con otras obligaciones y, cuando tenemos un rato libre, nos sumergimos en nuestros dispositivos. Nos aislamos.

Una vida cotidiana dedicada a distintas tareas

Hacemos tantas cosas al cabo del día que nos faltan horas. El 58 % afirma que le resulta difícil terminar todo lo que tiene planificado para el día, y el 80 % indica que le gustaría poder pasar más tiempo haciendo cosas con sus familiares y amigos.

La planificación de demasiadas actividades

Tenemos la agenda repleta de compromisos tanto laborales como sociales, lo que nos lleva a tener una sensación de que siempre estamos ocupados, de que nunca acabamos. Le damos valor a lo que hacemos siempre que nos permita lograr un objetivo futuro. Sin embargo, cuando lo conseguimos, centramos nuestro punto de mira en otra meta que aún no hemos alcanzado. Estamos dejando pasar nuestras vidas sin dedicarnos a vivirla.

El aislamiento causado por las pantallas

La revolución digital ha hecho que las familias ahora estén más conectadas que nunca, pero las relaciones personales cada vez son menos estrechas. Casi el 50 % de las familias afirma que cuando están en casa dedican más tiempo a interactuar con sus dispositivos tecnológicos que con las personas con las que conviven. El 62 % confiesa que la mayor parte de sus interacciones sociales son a través del mundo digital.

La semana de trabajo interminable

Ya no trabajamos ocho horas al día sino toda la semana, y sentimos la presión que ello conlleva: el 58 % de los encuestados ansía una conciliación mejor entre la vida profesional y la vida personal. No sorprende a nadie que siete de cada diez estadounidenses afirmen dormir con el teléfono al lado, y la repercusión que esto tiene en nuestras vidas es más que obvia.

Una forma antisocial de escuchar música

Las casas del mundo actual se diseñaron para promover las relaciones personales, con espacios abiertos que incitan a las familias a reunirse y a interactuar. Lo cierto es que los niveles de ruido que se alcanzan en las casas con espacios abiertos nos llevan a querer tener nuestro propio espacio. Y nos aislamos: el 44 % terminamos escuchando música solos o con los auriculares, para olvidarnos de los demás.

Los sistemas de sonido hiperactivos

Los equipos de música por componentes ofrecen una calidad de sonido excelente, pero son complicados y limitan la música a una sola habitación. Algo parecido ocurre con el cine en casa, que además no sirve para música porque el sonido está específicamente optimizado para efectos especiales.

El riesgo de la comodidad

Puede que parezca más sencillo utilizar los altavoces para televisiones y ordenadores portátiles que usan una conexión Bluetooth y son fáciles de transportar, pero estos no te dan la misma sensación que un buen sistema de sonido y suelen tener cortes e interrupciones.

Ha llegado el momento de recuperar nuestras relaciones personales, de descargar nuestras agendas y de reclamar el tiempo que nos pertenece. No nos queda otra: necesitamos que la música vuelva a nuestras vidas.

En las próximas semanas y meses, vas a poder ver todo lo que vamos a hacer para romper el silencio de las casas.